La presencia y el cúmulo.

No hay que irse muy lejos para comprobar que cualquier dispositivo espacial de nuestro entorno se tiñe -literal y metafóricamente- de nuestra presencia. Estamos ante una estética de la aparición: la pared sirve como soporte del rastro colectivo. “El cuerpo humano mismo es concebido como una porción de espacio”, nos dice Marc Augé, y este se manifiesta inconscientemente ahí por donde pasa. El cuerpo se apropia de los espacios, siendo en ocasiones germen de una manifestación colaborativa.

La huella física y simbólica.

Una mancha espontánea en la pared, un índice que revela el paso de los transeúntes que decidieron detenerse ahí: la huella a través del espacio y el tiempo, inconsciente a la hora de crear (o destruir). Esta idea puede encontrarse también en el seno de las prácticas artísticas ancladas en el marco digital. Otro contexto que supone un flujo constante de imágenes de las cuales bebemos y en la que subyace una dimensión colaborativa y creadora de nuevas obras. El rastro de pisadas en la pared sirve como signo: imprimimos y acumulamos sentido a través de las señales que dejamos.

Laura Entrambasaguas Gallardo