Sergio Gómez, pertenece a esa corriente de artistas contemporáneos más interesados en la contradicción, en plantear preguntas, que en proporcionar respuestas. Desde la sutil combinación de elementos reconocibles con otros puramente abstractos, se muestran como cínicos disidentes de la forma que procesan un discurso basado en el fallo/éxito/corrección, casi en un sentido gödeliano, desde la incompletitud. Insólitos peregrinos que abrazan la imperfección como seña de identidad, poniendo en tela de juicio —cuestionamiento— la diada acabado/inacabado de la obra de arte y establecen como condición necesaria de la existencia, así como del acto pictórico, la impermanencia.
T: Ricardo Recuero
Esto no es un statement. Se trata de subrayar gestos, miradas, la voz de alguien que dice, del aleteo o del canto de un pájaro que aparece y desaparece para que quienes lo deseen -sin olvidar el percutir de nuestro cuerpo- lo registren sin vacilar. Un espejo que nos recuerda lo que somos y nos resitúa en nuestros modos de proceder. Algo que nos permite seguir creciendo. Los seres vivos somos así. Acumulamos grandes experiencias reveladoras, pero también microepifanías que nos desconciertan. Atentxs a lo que nos ocurre, intentamos entender procesos que se escapan a cierta razón.
Muchas de estas cosas ya están ahí de un modo natural y maravilloso. Por eso, Sergio Gómez observa, una y otra vez, lo que ya existe allí donde va. No hay intención de reproducir nada, más bien de pasear, sentirse estimulado e intentar comprender.
T: Jordi Pallarès
