


Proyecto: Birding {Redux}
B.Redux se plantea como una continuación directa del proyecto Birding, manteniendo su estructura expositiva y su lenguaje museográfico, pero desplazando el foco hacia un nuevo cuerpo de obra producido específicamente durante la residencia.
La primera fase del proyecto puede consultarse en: https://srger.com/birding
A diferencia de la primera iteración, Birding {Redux} no amplía el conjunto previo, sino que lo sustituye: el cuerpo de obras original será retirado y reemplazado por las piezas generadas durante la residencia, mientras que el mobiliario expositivo —vitrinas, soportes y estructuras— se mantiene como único elemento continuo del proyecto.
El proyecto parte de la observación como gesto central. En Birding, la observación se planteaba como un ejercicio de espera: una práctica de atención prolongada en la que la imagen no se produce, sino que aparece. Lejos de forzar resultados, el trabajo consistía en sostener una disposición abierta a lo imprevisto, asumiendo tanto la aparición como la ausencia.
Esta segunda parte insiste en ese mismo régimen de atención, pero introduce una variación: ya no se trata únicamente de sostener la observación, sino de poner en crisis los propios mecanismos que la hacen posible.
Durante la residencia, el espacio de trabajo se concibe como un campo de recogida. Las obras surgirán de un proceso de atención sostenida al entorno inmediato —arquitectura, recorridos, ritmos, restos— entendidos como si fueran “avistamientos”. Estos materiales serán traducidos a un nuevo conjunto de piezas que ocuparán el dispositivo expositivo heredado.
El mobiliario museístico utilizado en Birding se reactiva así como dispositivo estable. No funciona únicamente como elemento de presentación, sino como un marco que condiciona la lectura de las obras y que, al permanecer mientras las piezas cambian, subraya la exposición como sistema de clasificación en constante reconfiguración.
El oro no siempre puede ser cobre.
Hay días en los que no aparece nada. Solo silencios. Se prueba, se borra. No es tiempo perdido. A veces, es el único camino para que algo comience a insinuarse. El ojo se entrena en la espera. Aprende a ver sin forzar, a dejar de buscar lo que ya conoce. Porque lo nuevo no siempre es espectacular; a menudo es discreto, apenas un desplazamiento, una relación distinta entre formas que ya estaban ahí.
Buscar nuevas formas es como mirar el follaje durante horas con la intuición de que hay algo escondido entre las ramas. A veces es solo un movimiento, una sombra. No siempre se revela por completo. Hay que estar dispuesto a ver lo que no se había visto antes, y también a no ver nada durante mucho tiempo. No se trata de repetir lo conocido, como quien espera siempre la misma especie. Lo interesante es cuando aparece algo que no sabías que existía, algo que no encaja del todo. Entonces empieza el trabajo real: cómo dejarlo entrar en la pintura sin domesticarlo, cómo traducirlo sin hacerlo desaparecer. La obra se presenta, casi sin querer, en la única e imprevisible puesta en escena de las circunstancias de la vida.
Pintar es quedarse en el lugar del que observa, pero también del que se deja afectar. Como si una parte de ti mirara y otra fuera observada. Lo que aparece no siempre es tuyo, pero te implica. Pintar es eso: quedarse, mirar, equivocarse, volver a mirar. Y de pronto, si hay suerte, algo se posa en el cuadro. No lo reconoces del todo, pero sabes que es nuevo. A veces lo que aparece no encaja con lo que uno esperaba. No es lo que buscabas, pero tampoco puedes ignorarlo. Tiene algo. Una forma rara, un gesto que interrumpe la lógica del cuadro. Ahí empieza el experimento: ¿cómo convivir con lo inesperado? ¿Cómo no corregirlo demasiado pronto, no apurarse en encerrarlo en una categoría?
Pintar se parece a la observación de aves. No es una caza, ni una persecución. Es más bien una forma de espera activa. Estás ahí, en silencio, sabiendo que algo puede aparecer, pero sin certeza de cuándo ni cómo. Trabajar con nuevas formas es arriesgarse a perder el control. No hay mapa. Solo fragmentos, impulsos, cosas que se van probando. Lo nuevo no se impone de golpe, se infiltra.
A veces no sabes si es un error o un hallazgo, y solo el tiempo, o la pintura misma, lo decide. Esas formas nuevas, cuando llegan, no gritan. Son como aves que se mueven en los márgenes: si haces demasiado ruido, se van. Si esperas con paciencia, te cambian el paisaje.








Necesidades del proyecto
Espacio:
Se requiere un área de trabajo con una pared que permita grapar lienzos para pintar. Este espacio debe ser suficientemente amplio para desplazarse frente a los lienzos y trabajar cómodamente, manteniendo la posibilidad de observar las piezas a distancia.
Materiales:
- Tela Lienzo
- Bastidores
- Papel en diferentes formatos
- Gesso
- Pintura acrílica
- Pastel al óleo
- Carbón
- Barniz
- Brochas de distintos tamaños
- Rodillos
Herramientas:
- Grapadora para fijar los lienzos a la pared
- Tensadora para preparar y estirar los lienzos
El conjunto de materiales y herramientas permitirá desarrollar las piezas durante la residencia de forma autónoma
Sergio Gómez | Srger. Sevilla 1983.
Sergio Gómez, pertenece a esa corriente de artistas contemporáneos más interesados en la contradicción, en plantear preguntas, que en proporcionar respuestas. Desde la sutil combinación de elementos reconocibles con otros puramente abstractos, se muestran como cínicos disidentes de la forma que procesan un discurso basado en el fallo/éxito/corrección, casi en un sentido gödeliano, desde la incompletitud. Insólitos peregrinos que abrazan la imperfección como seña de identidad, poniendo en tela de juicio —cuestionamiento— la diada acabado/inacabado de la obra de arte y establecen como condición necesaria de la existencia, así como del acto pictórico, la impermanencia.
