«Así funciona también el cielo: no como una imagen única, sino como una suma de situaciones simultáneas. Mientras en un punto del mapa se abre, secciona e ilumina, en otro se cierra y se oscurece. La idea de un cielo azul sigue siendo válida, pero nunca completa. El nombre está obligado a ser troceado y en sus pedazos, comprenderse. Este proyecto habita ese desajuste, ese lugar donde la norma convive con su caos y donde cada fragmento afirma algo distinto sin dejar de pertenecer al mismo horizonte. Sobre lenguaje, ortodoxo, y sus dialectos, labradores del más divertido jardín de alegre caos».